Una de las principales tareas de las empresas es asegurarse los fondos necesarios, además de para realizar su ciclo de explotación, también para cubrir posibles pérdidas de valor de sus activos, y hacer frente a potenciales obligaciones por riesgos propios del negocio, riesgos financieros y riesgos asociados a las contingencias extraordinarias que puedan surgir.

La norma de contabilidad 15.ª sobre provisiones y contingencias especifica que la empresa reconocerá como provisiones los pasivos que resulten indeterminados respecto a su importe o a la fecha en que se cancelarán. Las provisiones pueden venir determinadas por una disposición legal, contractual o por una obligación implícita o tácita. En este último caso, su nacimiento se sitúa en la expectativa válida creada por la empresa frente a terceros, de asunción de una obligación por parte de aquella.

La Resolución del ICAC del año 2002 incorporó a nuestro modelo contable las principales cuestiones tratadas en la norma internacional de contabilidad en relación con las provisiones (NIC 37, Provisiones y contingencias), concretando que toda provisión debe responder a una obligación actual derivada de un suceso pasado, cuya cancelación sea probable que origine una salida de recursos y su importe pueda medirse con fiabilidad.

¿Cómo se valoran las provisiones?

La correcta valoración de las provisiones no es tarea fácil, estando sujeta a diferentes intereses, ya que si, por ejemplo, se quiere disminuir el resultado contable de la empresa de cara a reducir su tributación, estas se pueden aumentar, pero si por el contrario se minimizan los riesgos, y por ende las provisiones, se dará un mayor beneficio. La reducción de las provisiones, incrementando por consiguiente el beneficio de la sociedad, puede tener diferentes finalidades:

  • Que los gestores no vean reducidos sus beneficios.
  • Que se puedan mantener puestos en los consejos de administración, que difícilmente se mantendrían, si no se tienen contentos a los accionistas con repartos de dividendos.
  • Transmitir una buena imagen de cara a terceros, para disponer de crédito, tanto de proveedores y acreedores, como de las entidades financieras.

De acuerdo con la información disponible en cada momento, las provisiones se valorarán en la fecha de cierre del ejercicio, por el valor actual de la mejor estimación posible del importe necesario para cancelar o transferir a un tercero la obligación, registrándose los ajustes que surjan por la actualización de la provisión como un gasto financiero conforme se vayan devengando. Cuando se trate de provisiones con vencimiento inferior o igual a un año, y el efecto financiero no sea significativo, no será necesario llevar a cabo ningún tipo de descuento.

La compensación a recibir de un tercero en el momento de liquidar la obligación no supondrá una minoración del importe de la deuda, sin perjuicio del reconocimiento en el activo de la empresa del correspondiente derecho de cobro, siempre que no existan dudas de que dicho reembolso será percibido. El importe por el que se registrará el citado activo no podrá exceder del importe de la obligación registrada contablemente. Solo cuando exista un vínculo legal o contractual, por el que se haya exteriorizado parte del riesgo, y en virtud del cual la empresa no esté obligada a responder, se tendrá en cuenta para estimar el importe por el que, en su caso, figurará la provisión.

En la memoria de la empresa, se debe de indicar el criterio de valoración de las provisiones y contingencias, así como, en su caso, el tratamiento de las compensaciones a recibir de un tercero en el momento de liquidar la obligación. En particular, en relación con las provisiones, deberá realizarse una descripción general del método de estimación y cálculo de cada uno de los riesgos.

El increíble vaivén de las provisiones del Banco Popular

La correcta dotación de las provisiones del Banco Popular es caballo de batalla entre el Banco Santander, que se acaba de hacer con el Popular por 1 euro, la previsible ola de demandantes afectados por la pérdida de sus inversiones y sus antiguos gestores. Esta valoración de las provisiones de los activos inmobiliarios improductivos, que alcanzan la cifra 36.389 millones de euros, ya fue puesta en cuestión por los interesados en hacerse con el Banco Popular, antes de que este fuera adjudicado al Banco Santander.

El Banco Popular está expuesto a costosas demandas judiciales, por sus accionistas, por los poseedores de deuda subordinada y por los hipotecados con cláusulas suelo, ya que una vez expirado el plazo para una solución amistosa fijado por el Gobierno, son muchos los afectados que no han recibido solución alguna.

Poco antes de su adjudicación al Banco Santander, el Banco Popular estimaba que sus necesidades de provisiones adicionales, como consecuencia de la retasación de los activos inmobiliarios, no superaría los 2.000 millones de euros, cuando desde otras fuentes se aseguraba que este déficit podría oscilar entre los 4.000 y 10.000, cuantificando finalmente el Santander dicho déficit en 7.900 millones de euros de provisiones adicionales, de los que 7.200 irán destinados a activos de créditos vinculados al sector inmobiliario.

El Banco Popular es un claro ejemplo para identificar los principales tipos de provisiones que puede dotar una entidad, provisiones por la disminución del valor de los activos inmobiliarios, por un lado, y, por otro, provisiones para riesgos y gastos, derivadas de los riesgos de perder un gran número de demandas de accionistas, inversores y clientes de la entidad.

La formación en materia contable es una de las fortalezas del CEF.-, de manera que cualquier interesado en adquirir o perfeccionar sus conocimientos en esta área tiene diferentes opciones en función de sus necesidades específicas, desde un Curso de Contabilidad Avanzada, hasta el Máster en Dirección y Gestión Contable.